Desde la transdisciplinariedad, se piensa en la necesidad de considerar la emergencia de nuevas palabras para referirse a los componentes de la investigación; términos que nos alejen de ciertos supuestos modernos y, por lo mismo, de las inercias propias de las disciplinas. Se toma en cuenta la idea (supuestamente einsteiniana y aquí parafraseada) de que «no pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo» o, en este caso, «si pensamos lo mismo», cuando se trata de investigaciones interesadas en la complejidad. Entonces, parece necesario que en la práctica transdisciplinaria se tome conciencia y se reflexione sobre la pertinencia de seguir hablando de «delimitar un tema de investigación», considerar «marcos teóricos» o tratar con «objetos de estudio», entre muchas otras nociones. Estas expresiones entran dentro de lo que se conoce como «palabras tóxicas».

Las «palabras tóxicas» (toxic words) son un concepto acuñado por el pensador y filósofo austriaco Iván Illich (y abordado también por otros autores como Wolfgang Sachs o Serge Latouche). Se refieren a términos institucionalizados que distorsionan el lenguaje y nos colonizan mentalmente, obligándonos a aceptar una visión del mundo occidental, industrial y orientada al lucro.

En su crítica radical a las instituciones modernas (educación, medicina, economía), Illich advertía que el uso de estas palabras genera confusión, enmascara la realidad y normaliza la desigualdad o la dependencia.

Las principales «palabras tóxicas» de Iván Illich

  • Desarrollo (y Subdesarrollo): Illich argumentaba que el término «desarrollo» se convirtió en una trampa ideológica. Coloca a las sociedades occidentales industrializadas como la meta lineal a alcanzar, degradando a las culturas tradicionales o autosuficientes a la categoría de «atrasadas».
  • Necesidad: El sistema capitalista e industrial ha transformado los deseos y las carencias creadas por el mercado en «necesidades» vitales (por ejemplo, la necesidad de ir a la escuela, la necesidad de medicamentos o la necesidad de un auto). Esto crea dependencia y anula la autonomía de las personas para resolver sus vidas por sí mismas.
  • Ayuda: Especialmente en el contexto de la asistencia internacional o filantrópica, Illich la consideraba tóxica porque suele encubrir relaciones de poder y dominación, perpetuando la pobreza estructural en lugar de generar verdadera autonomía.
  • Medio Ambiente: Illich señalaba que usar este concepto fragmenta nuestra percepción, separando al ser humano de la naturaleza y tratándola como un «recurso» gestionable o un problema técnico a resolver, en lugar de considerarla el hogar vivo al que pertenecemos.
  • Mercado y Crecimiento: Palabras fetiche de la economía moderna que se usan como indicadores absolutos (como el crecimiento del PIB) para medir el «éxito». Illich preguntaba: «¿Progreso de qué, crecimiento de qué y para quiénes?», señalando que este crecimiento suele destruir el bienestar real y los bienes comunes.
  • Igualdad: Cuando se plantea desde las instituciones modernas (como la «igualdad de oportunidades» en el sistema educativo), Illich advertía que solo sirve para normalizar la competencia y legitimar que algunos ganen mientras otros fracasan, en vez de buscar una verdadera equidad social.
  • Educación y Salud: Illich denunciaba que estas palabras fueron «secuestradas» por profesionales e instituciones. Hoy en día, la «educación» se confunde erróneamente con la escolarización (lo que él criticaba en su propuesta de desescolarización), y la «salud» se reduce a la dependencia de médicos y hospitales.

En resumen, para Illich, estas palabras actúan como un velo ideológico que impide cuestionar el sistema. Al usar de manera acrítica estos términos, adoptamos los valores de una sociedad industrial y consumista. Su propuesta pasaba por «desintoxicar» el lenguaje y recuperar un vocabulario que fomente lo que él denominaba la convivencialidad: una sociedad donde las herramientas sirvan para potenciar la autonomía y el cuidado mutuo, y no al revés.

Yo agregaría otras palabras para su revisión crítica; por ejemplo: enseñanzaalumnoevolución (en el sentido del darwinismo social), objeto-sujeto (como lo supuso el cartesianismo) o formación (en su crítica hilemórfica), entre muchas otras. Incluso habría que reflexionar sobre la misma denominación de «palabras tóxicas», al ser la transdisciplinariedad incluyente y no prohibitiva. Cabe agregar que esta situación se agrava en la actualidad, porque se suma una reducción en el uso de palabras, la emergencia de expresiones que mezclan frases publicitarias con neologismos de moda y una preocupante pérdida de vocabulario. Este tema fue tratado en la película de culto Idiocracy (2006), donde se plantea un escenario aparentemente distópico, pero que guarda un gran parecido con lo que acontece hoy en día.

¿Consideras que es necesario reflexionar y revisar las palabras que utilizamos, con el fin de generar resistencia y orientación a entornos, como los planteados en el corto animado de Mobi: Are You Lost In The World Like Me (https://www.youtube.com/watch?v=VASywEuqFd8)?

Espero tus comentarios.

Categories:

Tags:

6 Responses

  1. No solo es necesario revisar y analizar las palabras por si mismas, sino en su entorno ideológico que es el que le da sentido para ser tóxica. Sin esta visión amplia cualquier acercamiento como el que propones estaría limitado.
    Un ejemplo de ello es la misma estructura para realizar tesis e investigación, donde el no seguir los “requisitos” es considerado no apto o académicamente hablando.

    • Tienes razón Alejandro, si bien, ahora en ICONOS y sobre todo en los seminarios de investigación asumimos diferentes rutas para realizarla, pero falta mucho por hacer y confío en el apoyo de las personas que les hace sentido lo expresado, saludos

  2. muy interesante el documento,en efecto el lenguaje no es neutro: las palabras construyen realidades, jerarquías y límites invisibles. Paradójicamente, etiquetar términos como «tóxicos» puede reproducir el mismo mecanismo excluyente que se pretende criticar, convirtiendo el concepto en un oxímoron. Una mente verdaderamente transdisciplinaria quizás no debería condenar palabras sino integrarlas críticamente, habitándolas con conciencia de su carga ideológica. La clave no está en sustituir un vocabulario por otro, sino en cultivar esa pausa reflexiva que nos impide usar cualquier término —nuevo o viejo— de forma acrítica.

  3. Estoy de acuerdo con que existen palabras tóxicas, considero yo que debería de haber un reset y comenzar a utilizar otras palabras para poder crear otras realidades.
    Exclente publicación 🤝🏼

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *