I. La hiperespecialización como consigna: El sujeto automatizado
La educación bancaria y tradicional propuesta por Paulo Freire, opera a menudo, bajo la misma lógica que activa la necedad de las masas. Al parcelar la realidad en asignaturas estancas y al desvincular la ciencia de la ética o el arte, logra privar al participante de la visión de conjunto y partícipe de múltiples interacciones.
En la era de la sociedad de las plataformas, este pensamiento fragmentado se agudiza, porque los algoritmos de consumo rápido funcionan como los “tópicos” de los que hablaba Dietrich Bonhoeffer en su teoría de la estupidez: fórmulas prefabricadas que el individuo asimila emocionalmente sin procesar. Así, el estudiante transformado en un mero receptor acrítico, pierde su condición de sujeto cognoscente. Frente a esto, la transdisciplinariedad no emerge como un simple cruce metodológico o disciplinar, sino como una actitud ante la vida; una rebelión epistemológica que devuelve la capacidad de conectar los fragmentos y comprender el mundo en su complejidad inherente.
II. De la “educación bancaria” al agenciamiento: La pedagogía de la pregunta
Bonhoeffer fue tajante: a la necedad no se la combate con adoctrinamiento ni con discursos intelectuales; meter más información en una estructura alienada es un esfuerzo estéril y peligroso. Por lo tanto, la educación liberadora no puede seguir centrándose en el acto de “enseñar” contenidos y menos los automatizados, sino en agenciar el pensamiento.
Por eso, el horizonte formativo debe desplazarse hacia la facilitación y el acompañamiento, es decir, se trata de agenciar a través de la pedagogía de la pregunta. El facilitador transdisciplinario no dicta respuestas; acompaña al sujeto en el desmantelamiento de sus propios prejuicios y dogmas. Es decir, implica cambiar el foco del aula hacia el cuestionamiento constante de la realidad; por consecuencia, pareciera que las estructuras de dominación ideológica pierden su magnetismo.
Dietrich Bonhoeffer señaló: «Una auténtica liberación interna sólo es posible cuando le ha precedido la liberación externa».
En ese sentido, para que la mente conquiste su autonomía, el entorno educativo debe transformarse en esa “fortaleza externa”: un espacio que ayude a libertad intelectual, mesura y ocio reflexivo, donde errar, debatir y transitar entre fronteras epistémicas sea el estado natural del aprendizaje.
III. Las tensiones del debate: Objeciones a la utopía liberadora
Sostener una propuesta de este calado exige también aplicar el rigor crítico sobre sí misma. Desde los sectores de la educación tradicional y el racionalismo tecnocrático, podrían surgir algunas refutaciones legítimas que no se pueden soslayar:
- La tiranía de la eficiencia productiva: Los defensores del mercado global argumentarán que la fragmentación y la hiperespecialización no son caprichos de dominación, sino requisitos indispensables para la operatividad del mundo contemporáneo. El mercado laboral demanda técnicos altamente calificados para resolver problemas específicos, no generalistas que cuestionen las consignas estructurales.
- El riesgo del relativismo epistémico: Al desmantelar las fronteras disciplinares y las verdades aceptadas, se corre el peligro de caer en un escepticismo paralizante. Sin un suelo firme bajo los pies, la crítica radical puede derivar en un cinismo donde “cualquier saber vale lo mismo”, desarmando cognitivamente al estudiante en lugar de emanciparlo.
- La paradoja del adoctrinamiento invertido: Los entornos que se autodenominan “críticos” a menudo corren el riesgo de imponer una nueva ortodoxia. Si el facilitador direcciona sutilmente el proceso bajo el cobijo de la “liberación”, la transdisciplinariedad corre el riesgo de sustituir el viejo hechizo del poder tradicional por la nueva consigna del dogma crítico.
- La inviabilidad del cambio estructural previo: Si aceptamos la premisa de Bonhoeffer de que la liberación interna depende de una liberación externa previa, la práctica pedagógica quedaría paralizada. Las instituciones educativas formales no pueden desvincularse por completo del tejido normativo y financiero del Estado para crear burbujas de libertad absoluta.
IV. El horizonte sentipensante: Resistencia en la complejidad
Lejos de invalidar la propuesta, estas tensiones nos obligan a refinarla. La transdisciplinariedad no busca la pérdida de rigor, sino la integración reflexiva. Bonhoeffer observaba con dolor cómo el dogmatismo y el miedo atrofiaban la empatía, provocando una alarmante apatía ante el sufrimiento ajeno. La crisis contemporánea no es solo cognitiva, es sobre todo afectiva.
Una propuesta educativa transdisciplinaria y crítica debe ser, por definición, sentipensante. Frente a la eficiencia desalmada, se propone el valor de la cualidad humana. No podemos seguir formando investigadores o profesionales que estén desvinculados de su entorno. Al integrar la razón con la intuición, el rigor científico con la sensibilidad estética y el respeto a las distancias humanas, se presume que la academia recuperará su función social. Romper el hechizo de la estupidez significa, en última instancia, transitar de la contemplación apática a la corresponsabilidad histórica, habitando el mundo no como autómatas que ejecutan mandatos de múltiples orígenes -como los de las redes sociales-, sino como seres íntegros capaces de sostener una mirada libre, crítica y profundamente humana. Y también con la valentía de hacer frente al dogmatismo totalizante.
5 Responses
Espléndido análisis de lo que sucede en el sistema educativo, en el que la credencialización o las microcredenciales, sustituyen o pretenden sustituir el valor de preguntar desde el sentipensar. Este texto reabre el debate necesario que debemos dar en la educación superior de hoy.
Me alegra que te haga sentido y cómo bien dices, habrá que abrir debates pero sobre todo estrategias y acciones para alcanzar esa condición de curiosidad y escepticismo. Saludos
Gracias Dr. Rafael
Nada que agradecer
Existe un dogmatismo pero también existe una alienación. El dogma es letra muerta revivida por los agentes sociales alienados. Se teme, por ejemplo, como ya lo ha dicho el excelentísimo Erich Fromm, a la libertad. Por eso, los seres alienados se refugian en el dogma (ya sea este religioso, económico o político), dejando que alguien más desee por ellos y que alguien más decida por ellos. Ese el objetivo. El resto de nosotros, si no nos devenimos en agentes revolucionarios, terminaremos por ser parte de la Conformidad Autómata, asumiendo personalidades propagadas por los medios, los mercados y las instituciones. Por eso, romper con la lógica del Capital es sumamente necesario. Esto es, establecer una educación no sólo transdisciplinar sino anticapitalista, en donde se rompa con la lógica de la producción y el consumo.
Saludos ✌️