México, enero 5, 2012. – El escritor Umberto Eco suele pasar sus vacaciones de invierno en un antiguo monasterio del siglo 17 que compró cerca de Rimini, a donde pretende mudar su biblioteca formada por ediciones príncipe, incunables y su colección de cómics.

Según publica Reforma, en esa casa pasó su cumpleaños el año anterior, sin poder salir debido a una tormenta de nieve, pero este año en ocasión de su 80 aniversario, quienes lo conocen, anticipan un gran festejo.

"Supongo que este año, aunque haya mucha nieve, la gente llegará", dice su discípula Esther Cohen, quien no ha dejado de llamarlo cada cinco de enero para felicitarlo.

Eco alcanzó renombre mundial a raíz de la publicación de su primera novela El nombre de la rosa en 1980 con Bompiani, la misma casa editorial donde antes había publicado sus ensayos académicos como Obra abierta y Diario mínimo.

Decía no tener interés por la escritura creativa pero una amiga suya le comentó que estaba pidiendo a autores sin experiencia en novela que escribieran un relato breve de detectives.

Eco le respondió que si tenía que escribir una novela negra, tendría por lo menos 500 páginas y estaría ambientada en un monasterio medieval; se le ocurrió envenenar a un monje mientras leía un libro misterioso, cuenta en Confesiones de un joven novelista (Lumen).

"Cuando decidí escribir la novela, fue como abrir un gran armario donde había estado amontonando archivos medievales durante décadas", escribe Eco, quien dedicó su tesis a la estética de la Edad Media.

"Era una sorpresa que una novela tan difícil y erudita se hubiera convertido en un best seller", cuenta Cohen, quien estudió con Eco en la Universidad de Boloña de 1979 a 1981, justo cuando apareció la novela.

Luego vendrían El péndulo de Foucault, que reconoce como su favorita, y que le tomó ocho años concluir, La isla del día de antes, Baudolino, La misteriosa llama de la reina Loana y El cementerio de Praga.

Eco ha podido satisfacer un deseo que como profesor no hubiera podido costearse, es un bibliófilo que atesora en su casa de Milán más de 30 mil ejemplares y en el sitio donde vacaciona, otros 20 mil.

A pesar del éxito, no ha dejado de cenar con sus estudiantes de doctorado cada jueves y conserva intacto su sentido del humor.

Se mantuvo fiel a Bompiani a pesar de las jugosas ofertas que recibió de las grandes editoriales tras la aparición de El nombre de la rosa.

"Siempre defendió los derechos de Lumen que lo dio a conocer en lengua española cuando era un escritor académico, tenía ofertas extraordinarias de dinero, eso habla mucho de él", dice Ariel Rosales, editor de Random House Mondadori.

El Semanario

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Umberto Eco festeja su cumpleaños 80