En 'La red social' fue retratado como el malo de la película. Antes de cofundar Facebook, Sean Parker trajo la ruina a las discográficas con Napster, el primer sistema de descargas ilegales. Hoy quiere limpiar su imagen lanzando Spotify en EE UU.

El retrato que de él firmó el guionista de El ala oeste de la Casa Blanca, quien lo presenta como un vividor con tendencia a la hipérbole y la manipulación, fue la gota que colmó el vaso. Parker dio un paso el frente. Debía restituir su imagen. Después de un pase privado de la cinta -que terminó con gritos, insultos y butacas destrozadas-, desoyó a sus más allegados, que le aconsejaban que tomara medidas legales contra Sorkin, y decidió emprender él solo una campaña mediática para convencer a la opinión pública de que seguía siendo el milmillonario más guay.

Durante una década, Parker, de 31 años, había sido ese hacker con buen olfato para las ideas con potencial revolucionario sobre el que circulaban infinidad de rumores sobre excesos, reuniones canceladas por resaca y novias trofeo.

Aún estando en la escuela, el chico burló el sistema de seguridad de varias webs, de las que no pudo salir porque su padre, enfadado por sus malas notas, entró en ese momento en su habitación y le tiró el teclado por la ventana. Detectaron su IP y fueron a buscarlo a clase, en una escena que parece sacada del filme Juegos de guerra.

En vez de un rebelde y un visionario, Parker parecía otro joven millonario malcriado. Un día, el New York Post le acusaba de darle una propina de solo cinco dólares a alguien en una discoteca. Al poco, él aparecía dándole una de 5.000 a una camarera en una coctelería de San Francisco. Si montaba una fiesta en Hollywood, era eclipsado por Mark Zuckerbeg, junto al que se le vio a mediados de octubre -ambos en un considerable estado de embriaguez- discutiendo acaloradamente sobre si los usuarios de Spotify en EE UU deberían estar obligados a acceder a través de su cuenta de Facebook.

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Hundió la música y ahora quiere salvarla